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Bioética

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En el discurso bioético se pueden distinguir tres posturas sobre la importancia del concepto de persona, asociadas a los dilemas morales que plantea el aborto:

a) La que sostiene que llegar a un acuerdo sobre el tema del aborto requiere de un acuerdo sobre si el embrión o el feto es persona y, en ese caso, sobre el momento en que empieza su desarrollo como persona.

b) La que sostiene que el aborto puede justificarse moralmente, aunque se reconozca que el embrión o el feto es persona desde el momento de la concepción.

c) La que sostiene que es imposible establecer un conjunto de condiciones necesarias y suficientes para definir el "ser persona", y concluye que este punto es totalmente irrelevante para la resolución de la controversia sobre el aborto.


Para andar, la diversidad de criterios existentes para definir en qué momento se es persona demuestra la imposibilidad de utilizar esta definición para resolver la controversia. Algo similar ocurre con el concepto "vida". Para andar no hay un significado unívoco de vida. Preguntarse sobre ésta conduce a la cuestión sobre la calidad de vida y a interrogantes particulares sobre qué se valora más en cierto momento: la vida con escasas posibilidades concretas de sobrevivencia, la vida con grandes limitaciones y sin autonomía, la vida vegetativa o la vida con actividad cerebral, por ejemplo.

La aceptación o prohibición legal del aborto son, justamente, manifestaciones de esta diversidad de valoraciones sobre la vida. La pluralidad de posturas hace imposible establecer un código bioético definitivo.

Frente a la imposibilidad de encontrar un código de valores único se vislumbran alternativas intermedias, entre las que se encuentra el establecimiento de un bioderecho, o sea, una normatividad jurídica que configure el "ámbito lícito de la bioactividad". En este debate no sólo interviene el derecho sino que confluyen disciplinas diversas: la filosofía, la medicina, la teología, la economía, la psicología y otras ciencias sociales. Esto es así porque la reflexión sobre los temas planteados por la bioética tienen relación no sólo con la libertad de la ciencia y de la persona en cuestión sino, también, con el dilema moderno entre la libertad individual y la responsabilidad social.

Para andar los valores recogen aspectos de la experiencia y la potencialidad humanas y reflejan las normas que las personas creamos para convivir. De ahí que la autodeterminación y el derecho a disponer de nuestro cuerpo sean principios éticos.
andar comparte los valores laicos que animan a la ciencia en su búsqueda de verdades. En la medida en que los desarrollos científicos y técnicos ofrezcan nueva información y aumenten las posibilidades de los seres humanos de ejercer su autonomía, los valores laicos cobran relevancia. Un ejemplo ilustrativo de preeminencia de un valor laico en nuestro país es el uso de anticonceptivos: aunque la moral católica, todavía hoy a principios del siglo XXI, considera pecado el uso de métodos anticonceptivos y los prohíbe a todos, con excepción del método natural del ritmo y la abstinencia, la mayoría de la sociedad mexicana no comparte esa opinión y tres cuartas partes de las mujeres en edad fértil usan métodos anticonceptivos. Es obvio que las acciones de ciudadanas y ciudadanos han ido ampliando y transformando los márgenes de lo que se considera moralmente aceptable.

De las interpretaciones existentes sobre bioética, andar se ubica en la perspectiva laica, que reivindica que las personas deben ser responsables de sus acciones. Al respecto, un problema importante es el distanciamiento entre los códigos legales existentes y las nuevas pautas éticas. Esta brecha establece un margen de ilegalidad para quienes comparten la perspectiva científica que privilegia la vida consciente sobre la vegetativa.

La posición que andar adopta ante los problemas bioéticos implica asumir que hay dos lados del problema: el de la vida y el de la muerte, y que reformular uno implica modificar el otro. Este conflicto se empieza a resolver en las sociedades cultural y políticamente más avanzadas, mediante el reconocimiento de los gobiernos al derecho de cada persona a decidir sobre su vida.

andar subraya la urgencia de anticiparse a los problemas que plantea la bioética y la necesidad de establecer reglas claras de convivencia y nuevas obligaciones morales. Este reconocimiento lleva a estructurar nuevas obligaciones éticas, que tomen en consideración a los derechos humanos, y que impliquen cambios acordes con una aspiración común: la reducción del sufrimiento humano. De eso trata también el debate bioético.

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ANDAR | Alianza Nacional por el Derecho a Decidir | México, Agosto 2005