La diversidad cultural de México conlleva una pluralidad
de percepciones y concepciones éticas, incompatible
con la idea de una moral única. No hay posibilidad
de regresar a los esquemas de la moral tradicional y la nostalgia
del pasado no nos ayuda a resolver los dilemas del presente.
Los valores éticos surgen de una variedad de experiencias
de vida, lo cual lleva a cuestionar la validez de un código
moral universal. Asociado a lo anterior, en el debate bioético
se establece una importante distinción entre la adhesión
a valores religiosos o a valores laicos.
El laicismo es el cimiento de un Estado democrático
que pretende ofrecer igualdad a las personas a partir del
principio de soberanía popular y de la libre determinación
de los individuos. Sin pensamiento laico no se desarrollan
ni la ciencia ni la democracia moderna. El laicismo es el
requisito para articular la convivencia sobre la base de la
tolerancia y del respeto a la diferencia. Fernando Savater
sostiene que la modernidad democrática "ha significado
el triunfo del laicismo en la vida pública", y
que el régimen "imperfecto" de la democracia
obliga a respetar las distintas posturas que hay en materia
de moral privada.
Savater
dice que las iglesias hacen "creer a la gente que algo
que ha sido dicho en la tierra proviene del cielo".5
Ante eso, el Estado tiene, necesariamente, que introducir
la racionalidad como elemento básico para dar sentido
colectivo a la existencia. La ciencia y la técnica
escapan al control de las iglesias. Por eso, justamente,
muchos valores religiosos dejaron de tener vigencia al constreñir
el potencial de desarrollo de las personas. Por ello también
la jerarquía de la Iglesia católica repudia
la autonomía de la razón.
Varias
sociedades democráticas modernas han despenalizado
ciertas conductas humanas que implican una decisión
individual respecto a la sexualidad y la capacidad reproductiva,
y el control sobre la duración de la vida o sobre
la calidad de vida que se considera digna. Los procesos
que han llevado a esta realidad han significado una serie
de confrontaciones ideológicas inevitables, pues
cuando existen concepciones diferentes sobre la vida no
hay manera de ponerse de acuerdo sobre cuáles son
los principios fundamentales de la ética. Ni siquiera
la filosofía racionalista, que ha desarrollado un
esfuerzo sostenido para encontrar estándares universales
de justicia con base en la razón, ha logrado establecer
un marco adecuado de ideas sobre el comportamiento moral.
No hay un criterio universal de ética o de justicia.
Hoy en día, en las sociedades democráticas,
la autodeterminación y el derecho a disponer del
propio cuerpo son principios éticos.
Es
muy complicado tomar decisiones éticas en cuestiones
relativas a la vida cuando existen perspectivas opuestas.
Entender en qué radica la confrontación puede
ayudar a deslindar el criterio religioso de los procesos
jurídicos tendientes a establecer nuevas normas de
convivencia moral. Sin embargo, la acción responsable
de sociedades modernas ha logrado introducir nuevas valoraciones
en el complejo problema del derecho a la vida, planteando
por cierto, el derecho a la muerte. Tal es el caso de Holanda,
donde se cuestionaron los avances tecnológicos que
han permitido la utilización de cualquier medio para
evitar que las personas mueran de muerte natural, aún
al precio de sufrimientos atroces.
El
verdadero aporte de la ciencia es servir a la humanidad
sin negar el sentido perecedero de la vida biológica:
informando y acompañando al paciente en la toma de
decisiones. El mensaje liberador de la bioética es
reivindicar la libertad de elección del sujeto y
respetar su voluntad. Para ello se requiere aceptar la existencia
de la pluralidad, de la diferencia, como fundamento de la
condición humana. Desde dicha perspectiva lo inmoral,
lo poco ético, es la violación de la decisión
de la persona, de su libertad de conciencia, y no una supuesta
objetividad del valor de la vida per se.
En
México el debate bioético no se ha centrado
en la eutanasia sino en el aborto. Éste es por el
momento el tema más controvertido, entre otros aspectos
porque la discusión sobre el mismo no se limita a
especialistas, sino que ha involucrado a la sociedad en
su conjunto. La controversia se debe a que la cuestión
a definir ?la interrupción de la vida de una persona
o del proceso mediante el cual se llega a ser persona? se
puede formular desde varias posiciones que tienen que ver
no sólo con cuestiones racionales o científicas,
sino también con valores y posturas ideológicas.
5
Fernando Savater, "Wojtyla y las trampas de la fe",
en Sin contemplación, Madrid, Ediciones libertarias,
1993.